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Hola,  soy Andrés Moreno, escribo estas letras para contar mi pasión por los vehículos clásicos ya que mi vida ha estado ligada a ellos desde Siempre.

Desde niño he tenido la suerte de poder disfrutar de muchos vehículos que hoy en día son muy difíciles de ver.  Quiero contaros que soy un eslabón intermedio de una familia dedicada al transporte con camiones y pertenezco a la segunda generación.

Mi padre viajó por casi toda España  con su camión, un Leyland del cual me conocía perfectamente cada rincón de su carrocería pues puedo decir que el sillón del copiloto de ese camión se fabricó para mí. Así aprendí esta profesión de la que aún no reniego y que hasta día de hoy sigo aportando lo que puedo.

 

Orgullo de Raza, Mi insignia personal para todos mis vehículos.

 

Leyland, Pegaso, Barreiros, Volvo..   han sido algunas de las marcas de camiones que he tenido a lo largo de mi vida laboral. Sonoras entre el gremio son algunas de las historias que puedo contar a los jóvenes que hoy en día quieren debutar en esta aventura.

 

 

Hice el servicio militar en San Fernando, etapa de mi vida a la que llegué con mi carnet de primera.  Un Pegaso 1090 fue el camión que conducía en aquel momento, para mí todo un lujo que conducía con mucha destreza mientras enseñaba a los compañeros a cambiar sin embrague.

Después de jubilarme quise centrar mi atención en un coche clásico y se me cruzó esta maravilla de Mercedes Benz.

 

 

Aquí empieza la historia de mi coche, un Mercedes Benz 240 que perteneció a un medico de Alemania que fue quien lo estrenó.  De la historia anterior sé que perteneció a él hasta que decidió cambiarlo por uno nuevo.

No quiso entregarlo en concesionario por la razón de que una compañera enfermera necesitaba el coche hasta que pudiera comprarse uno, y así fue, ella disfrutó durante unos meses hasta que resolvió el asunto de su medio de transporte.

 

 

Llega el momento de la venta y es comprado por otro señor Alemán afincado en Conil quien lo trajo aquí quedando dentro de una finca en el carril de Flor.

Allí trabajaba Geromín V. que tras convencer al dueño consiguió comprarlo para dárselo a su hijo.  Una vez iba conduciendo este Mercedes por una calle de Conil donde yo estaba en la terraza de un bar, le vi parado por la circulación y decidí hablar con él:  «si algún día decides vender el coche, yo quiero quedarme con el».

 

 

Al cabo de unos meses, me llamó por teléfono diciendo que tenía que hablar conmigo y que fuera a verlo a su casa.  Estando allí con su mujer me comentó que me vendía el coche.  Me dijo que le daban 200 euros por el coche en el desguace, a lo que yo doblé la oferta.

 

 

Llegó el momento de la restauración.  Obviamente el coche no estaba como en el estado actual, había que hacerle arreglos y ponerlo bonito.  Desmontando todo, tapicerías, asientos, motor, transmisiones… así  fue como restauré mi flamante 240 pieza a pieza.

 

 

 

Hoy día lo sigo cuidando y añadiendo algún detalle, lo último ha sido cromar los brazos de los limpias.

Cada domingo conduzco mi mercedes, súper cómodo, con su cambio automático funcionando perfectamente,  es un reloj preparado para  hacer la siguiente ruta con este club disfrutando cada minuto.

La Vieja Gloria a 30 de Marzo del 2021